Samborombón, de María Laura Vazquez

María Laura Vazquez

María Laura Vazquez

¨Samborombón¨ fue una foto muy casual. Recuerdo cierto impulso de sacar la cámara de la mochila mientras asomaba esa luz divina, inmaculada, sol poderoso que se mete entre la tormenta. Era diciembre de 2005, lo recuerdo porque Félix aún no tenía un año y viajábamos en el Plusmar a Villa Gesell. Era la primera vez que lo llevaba a la playa. La ruta estaba absolutamente inestable, confusa. El viaje era de lo más variado, a pesar de que los viajes en la ruta por lo general son muy monótonos. Llovía, salía el sol, volvía a llover, como en loop. Sí, un día loopeado.
No sé si saqué varias fotos, pero no llamó mi atención esta imagen hasta algunos años más tarde.

Finalmente llegamos a la playa y Félix conoció el mar y cumplió su primer año allí. Mi hermana le hizo una torta de vainillas con dulce de leche y llamamos a unos niños vecinos que se convirtieron en amigos ocasionales de un bebé que cumplía solo un año y ellos ya tenían como 6 o 8. El día estaba muy caluroso, asfixiante, de esos que ni la playa te da respiro.
La mangera fue nuestra salvadora. Los niños daban vueltas alrededor de la casa y, cuando pasaban por el fondo, los esperaba con la mangera apretada por el pico para que el agua llegara más lejos y pudiera mojarlos.
Hermoso recuerdo de ese día tan improvisado y tal vez tan potente por eso, por no tener un plan armado, por haber relajado. Era el final de un año agotador, intenso, feliz, todo eso junto. Cargado. Cuando caía la tarde, el cielo se puso negro y comenzó a correr una brisa sanadora, presagio de una tormenta de mar con olor a sal. Llueve y debemos entrar la mesa que estaba afuera. No recuerdo mucho más de aquellos días, salvo algunas pequeñas anécdotas de poco sentido.
Cuando veo la foto entiendo varias cuestiones que tienen que ver con el ¨sentido¨ que cada uno puede adjudicarle a una imagen, que todo lo que para mí significa tiene que ver con una experiencia de vida que se rememora al verla, que me lleva a destino, a mis días festejando el primer año de mi hijo en la playa. ¿Pero qué significa para el que la ve, para el observador? Obviamente es otro viaje, es tal vez pensar en su viaje o tal vez le resulta absolutamente intrascendente, ¨nada¨.
Decidí enviarla a un concurso porque me parecía una imagen sin más pretensiones que intentar evocar una luz divina, donde lo que se enfoca es un lugar más de la ruta, sin mucho para contar. Aunque sí tiene algo que la sitúa en otro tiempo, donde los autos debían ser reparados en la ruta, mucho más que ahora, que se llega sin parar. La inquietante sombra del micro le da un contraste interesante, hasta misterioso, a pesar de que es la mañana y se supone que mucho misterio no tiene. La única copia que hice se la quedaron los del concurso y siempre dije que debía copiarla, que me serviría de ayuda memoria, de aquellos días de cielos alucinados y luces poderosas.

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