Me llama la luz y también la oscuridad, de Yanina García

Caminando entre médanos subí por uno muy alto sin luna. Subí hasta el final, hasta lo más alto, cansada de haber dormido poco y pensado en él. Vi llegar un auto con luces exteriores enceguecedoras que nublaba mi vista, era cálida y fuerte. De un instante a otro la luz se apagó y se cambio por una azul e interior. Ahora podía distinguir varias figuras masculinas dentro del coche. Se movían rápidamente de un lado al otro. La fiesta se veía a lo lejos, entre los pinos, la arena seca, cómo si estuviera viva, un mounstro de luz, un pulpo que todo lo devoraba. Volví a la fiesta y lo vi. No tenía rostro, su cara se ocultaba en la oscuridad, bajo una capucha. Era alto y gordo. Me miro desde su penumbra, quise ver sus ojos y no pude. Siguió caminando solo hacia el final, vi su figura perderse con el afuera, su buzo negro de calaveras blancas desapareció en la pendiente.

Por Yanina García (Chanis)

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