Libros para las vacaciones, por Janice Winkler

Últimamente, en facebook, se puso de moda jugar a “los favoritos”. Publicás la imagen de un cuadro, tus amigos ponen “me gusta”, y vos tenés que asignarles un artista para que ellos publiquen otro cuadro, y así sucesivamente. También se largó un juego sobre los diez libros que te acompañaron a lo largo de tu vida. Sin repetir y sin soplar, tenés que hacer una lista de esos diez títulos. “No tienen por qué ser grandes obras, sólo obras que te hayan marcado”, reza la consigna.  No participé, pero igual hice el ejercicio mentalmente y el primer libro que se me vino a la cabeza fue Cuentos sin plumas, de Woody Allen. No fue el primer libro que me cautivó, ni el que más me marcó, nada de eso, pero sí fue el que me acompañó en un viaje que hice cuando tenía veinte añitos, sola y limitless, a New York. Mi pasaje tenía destino, pero mi vida no contaba, aún, con un rumbo decidido. Había empezado varias carreras y dividía mis horas entre dos trabajos (promotora de unifón y camarera en un bar a puro rocknroll), el cbc y la práctica diaria del piano para entrar en el conservatorio. Una vez toqué Alfonsina y el mar veinticuatro horas seguidas. Finalmente, ante un mapa tan descontrolado de mi futuro, decidí vender mi teclado y compré el pasaje de avión. Eran diecinueve horas de vuelo + un mes y medio en una jungla desconocida. Tenía que elegir un libro, uno solo para empezar, y después me compraría otros allá. Entré en una librería de la avenida Santa Fe y en seguida vi en la mesa de Tusquets el número 83 de sus ediciones negras, la colección andanzas. En la tapa, mi máximo ídolo del cine, el que me había hecho reír como nadie en el mundo, y entonces, no lo dudé: Cuentos sin plumas se convirtió en mi compañero de viaje; y sí que me hizo reír mientras, en la vereda y con las manos cortajeadas por el frío, esperaba que su autor apareciera, clarinete en mano, para tocar en un bar del que él era habitué y al que yo nunca hubiera podido entrar, porque un café costaba cien dólares.

A continuación, me salgo de la consigna original y no pienso en los diez libros que me acompañaron a lo largo de mi vida, sino en diez libros que me gustan mucho. Algunos me hicieron reír en voz alta. Otros, llorar con lágrimas de animé. Algunos los leí hace mucho, mucho tiempo. Otros, hace poco. Son de distintas épocas y para todos los gustos. Si estaban buscando recomendación de lectura veraniega, aquí va la mía:

  1. Cuentos sin plumas – Without feathers (Woody Allen)
  2. Estupor y temblores (Amelie Nothomb)
  3. Biografía del hambre (Amelie Nothomb)
  4. Buscando a Alaska – Looking for Alaska (John Green)
  5. Hablando del asunto – Talking it over  (Julian Barnes)
  6. Escribir (Marguerite Duras)
  7. Terapia – Therapy (David Lodge)
  8. Cae la noche tropical (Manuel Puig)
  9. Agosto (Romina Paula)
  10. La historia del amor – The history of love (Nicole Krauss)

*Quienes prefieran leer a los autores norteamericanos e ingleses en idioma original, pueden conseguir los libros en Kel o en Walrus Books. ¡Walrus es lo máximo!

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