Túnel de Merlo, de Yanina García

“¿Es bueno estar sólo? Si, lo es. Sólo que acentúa el catácter dramático del porvenir.”  Del caminar sobre el hielo, Werner Herzog

 

Sábado 21 Hs. Merlo.

Salgo de la casa de mi mejor amiga, quien recientemente fue mamá, y vine a conocer a su hermosa bebé. Tanta charla, se me hizo de noche y me vine a la estación de Merlo a tomar el tren. Desciendo por las escaleras del túnel, que apesta y no tiene luz (para poner un poco más de dramatismo, cabe destacar conocidas historias de cómo te afanan). Vuelvo a salir a la superficie y me topo con dos gendarmes. Me dicen: “hoy, a Once el servicio cortó una hora antes”.

—Ah, el túnel está sin luz — les digo, sin ganas de caminar nuevamente por ahí.
—Te acompaño — me responde uno de los gendarmes.
—Bueno, gracias.

Cinco pasos más tarde:

—¿Sos de Once?
—Sí.
—¿Qué haces acá?
—Vine a ver a una amiga que tuvo un bebé.
—Ah, todos tienen bebés. ¿Vos tenés marido, convivís?
—No, no tengo. Tengo novio (creo).
—¿Y tenés bebés?
—No, soy muy joven.
—¿Cuántos años tenés?
—33.
—Ah, ya podrías tener bebés, estás en la edad justa — y me sonríe, como queriendo ser el padre.

Silencio.

Silencio.

Le sonrío con falsedad.

Llegamos al final del túnel y otra vez la luz.
—Bueno, ¿acá ya te sentís segura?

—Sí, gracias.

Fin de la historia.

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