Mauricio Koch, colaborador y padre primerizo.

Hoy, nuestro colaborador invitado: Mauricio Koch.

Crónicas de Gretel.

Escenas

A la noche, cuando llega el momento de dormirla, me convierto en una cajita de música ambulante. Mientras Kari la acuna, yo voy por atrás dándole cuerda a la cajita, una y otra vez: do do, re re, mi mi, fa fa… Solemos empezar en el comedor, avanzamos hacia el dormitorio y seguimos. Finalmente nos metemos en la cama, Kari empieza a darle la teta (en la que están cifradas todas nuestras esperanzas de poder dormir) y yo sigo con la cajita feliz en la mano. Me duermo. Kari me sacude, me quedé dormido arriba de su hombro y no puede cambiar a Gretel de lado. Abro los ojos, ¿se durmió?, pregunto. No. Me siento en la cama y vuelvo a darle cuerda a la cajita.

 

Escenas

Sábado 6 de abril. Hoy se durmió tres veces en mis brazos. Pasa de los gritos, de la crisis, del estilo ambulancia en emergencia a la paz más absoluta, se frota y se remueve, suspira profundo y empieza a cerrar lentamente los ojos. Parece dormida. Pero no hay que engañarse. Porque de pronto reacciona y se arquea, se dobla toda y me mira, y después cae sobre mi pecho y empieza la búsqueda desesperada del pezón; no lo encuentra y va tanteando a los cabezazos hasta que prueba, chupetea sobre mi hombro, en mi brazo, en mi cuello, y ante la decepción hay dos reacciones –supongo que relacionadas con la intensidad de su apetito–, que son: cansarse y quedarse dormida –felicidad total para mí–, o empezar a llorar y terminar en los brazos de la madre, tomando teta. Hoy gané tres veces; estoy orgulloso de mí.

Lunes 8 de abril: ¿Qué es lo que mira? ¿Qué es eso que a nosotros nos parece nada y a ella la deja embelesada? Hay quienes dicen que los bebés ven formas, luces, y, por ser puros, también ven ángeles, seres que habitan otros planos. No lo sé. Lo que sí sé es que cada vez que Gretel gira su cuello hacia la luz yo la sigo, y me quedo mirando con ella el marco de la ventana, un rincón vacío, la pared blanca, intentando, soñando intuir qué la mantiene tan absorta. ¿Estará pensando? ¿En qué? Sé también que en esos momentos no me ve, no soy importante para ella, no existo, está en otro lado

Parecidos: Hasta ahora, de los ochocientos veintitrés mensajes de felicitación que hemos recibido tanto personalmente como a través de las redes sociales por el nacimiento de Gretel, no hubo una sola persona (ni familiar, vecino, amigo, conocido, allegado, contacto virtual, panadera, china del supermercado, carnicero, persona que uno se cruza circunstancialmente por la calle y quiere conocer al bebé), nadie, repito, ni uno solo, que dijera qué parecida al padre, o sin llegar a tanto, tiene algo, un gesto, un aire al menos. No. Todo es: igualita a Kari, la madre en pinta, los ojos de la madre, la piel de Karina, la nariz, los gestos de la mamá y así ad infinítum… No importa, me digo. La gente se guía por la primera impresión y lo importante, como siempre en la vida, son los detalles. Y yo, que la tengo todo el día conmigo y puedo ver los detalles, sé que las orejas (algo en lo que nadie reparó) son iguales a las mías. Y eso es bueno para ella, primero porque mis orejas están bien formadas y no como las de la madre que parecen una empanadita de copetín con el repulgue mal hecho. Y segundo, porque aunque no tengan tanto prestigio como los ojos las orejas son valiosas, sirven para escuchar mejor y hacen a la estética del rostro: y las de Gretel, aunque nadie lo vea, son idénticas a las mías.

Definiciones

17 de abril

Invasión: Ésta es una palabra clave cuando un bebé llega a la vida de uno. Hay dos tipos de invasión: la emocional y la física. La emocional es muy compleja y aún no la empecé a procesar (por lo que no me siento preparado para abordarla), pero la física es inevitable porque se tropieza literalmente con ella todo el tiempo. La casa, es decir aquello que uno sentía su hogar porque ahí estaban sus cosas, sus espacios y sus hábitos en sagrado orden cartesiano es arrasada por un aluvión de objetos que no paran de multiplicarse como si una mano invisible los sembrara al azar: mamaderas, chupetes, baberos, mantitas, pañales, muñequitos, peluches, sonajeros, cajitas de música, y ropa, cómo no: ositos, medio ositos, medias, escarpines, gorros, enteritos, vestiditos y todos los itos e itas que la frondosa imaginación humana ha creado a lo largo de su historia de crianza, y esto hablando siempre de lo reconocible, porque hay otro tipo de objetos invasores que uno mira desde lejos, con una mezcla de respeto y miedo; a veces me animo y le pregunto a Kari, ¿qué es eso?, y señalo la cosa con un dedo nervioso: es un sacaleche, me dice como si fuera lo más natural del mundo, pero a mí me recuerda a la chicharra paralizadora del Chapulín Colorado aunque sin el encanto de aquella.

–      ¿y ese coso que parece una granada de mano?

–      eso es un sacamocos

–      ¿cómo un sacamocos?

–      sí, nunca viste

–      no, yo vi pañuelos

–      bobo, cómo querés que se suene el bebé…

Tiene razón, las madres siempre tienen razón.

Inventario

21 de abril

Gretel cumplió un mes. Hice un inventario de las cosas que sabe:

Sabe, entre otras cosas, hacer burbujas con la leche

sonreír los domingos por la mañana,

tener hipo y ovillarse

Gritar a los cuatro vientos

y soñar con gimoteos

También sabe protestar cuando hay hambre

dormir cuando sale el sol y seguir hasta el mediodía

gruñirle a los mosquitos

y darse panzadas de leche tibia

Como acto de rebeldía sabe pasar la noche despierta

y sacar la lengua (a la madre, a mí no)

Sabe estirar los brazos y bostezar

y después dormir la siesta

la duerme de costado, enrollada y boca abajo, bajo teta y hasta en brazos,

en brazos es lo que mejor le sale.

Sabe muchas otras cosas, pero a esas me las guardo para mí.

 

Cuando hay hambre

22 de abril

Gretel no habla, Gretel llora. Nueve de cada diez veces llora porque tiene hambre. Distintas intensidades de hambre dan distintas intensidades de llanto, que pueden ir desde el simple gimoteo entre sueños al llanto propiamente dicho, o el grito, el lamento con grito, el grito pelado ininterrumpido ensordecedor y todos los adjetivos que quieran ponerle… Cuando ella tiene hambre lo hace saber, quiere que el mundo se entere, y que lo pague caro. Gretel se expresa. No pide permiso, no avisa, no arranca suave ni se anda con sutilezas. No le importa la división divina entre luz y tinieblas y mucho menos los relojes. ¡Ja, relojes, qué es eso! Ella tiene hambre y punto. No levanta la mano, no dice mozo ni garzon, ella grita, y grita con todas sus fuerzas, fuerzas que hasta que uno no tiene un bebé en casa no imagina lo grandes que son. Son fuerzas volcánicas, tsunámicas, pantagruélicas, y no hay nada nada nada que las detenga, o sí, sólo una cosa: la teta. La teta es La Meca, el río sagrado, la tierra prometida, y cuando finalmente se encuentran la paz que se siente es como la globalización universal del pan con manteca de la abuela, como papá llevándonos a la cancha por primera vez, como estar de vacaciones permanentes… pero me quedo corto, no hay comparación posible, la única válida es decir precisamente como mamá acunándonos y dándonos la teta.

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