Gabriela Bejerman – escritora, por Janice Winkler

GabyBex

Cuando decidimos incluir entrevistas (o notas a partir de entrevistas) en nuestra sección Chingón, enseguida pensé en Gabriela Bejerman, por dos motivos: admiro su poesía y me parece una persona adorable. Participo en uno de los talleres que dicta con altura y conocimiento, pero con humildad y generosidad. Dicho esto, que vendría a ser como la recomendación dentro de la recomendación, les cuento que ayer, viernes 22 de febrero, la pasé a buscar por su casa y fuimos a un bar muy bonito en Freire y algo. Nos sentamos  en una mesa “ventanera”, con vista a árboles frondosos y Gaby me respondió casi todas las preguntas con la mirada puesta en ese bello escenario exterior. Es que ella es una amante de la naturaleza. De hecho, camino al bar, nos detuvimos en las puertas de unas casas para acariciar gatos y perros y hablarles como a bebés (por supuesto esa fue ella, no yo).

De sus libros publicados, solamente leí A los besos (Sacate el saquito) y Ubre (vox) y entre las tantas líneas subrayadas, marqué, precisamente, las continuas referencias a la naturaleza, casi siempre presente. Entonces, claro, esa Gabriela que sonríe al tocar animales y cuidar plantas se refleja en su literatura. Le comenté esta percepción y me respondió que a ella le gusta estar en la naturaleza, que ahí encuentra la poesía. “Tal vez huyo un poco del mundo y encuentro ahí un paraíso salvaje. La naturaleza me susurra la poesía. Además porque me gusta la contemplación, más que la reflexión. Es una poesía más contemplativa que reflexiva. Me lleva a un estado poético”.

Entonces hablamos de “lo vivo”, “lo vital”, y eso es lo que a ella la hace reconocerse cercana a otros escritores de su generación: la escritura cercana a la vida, a la experiencia. “Tal vez todo el arte sea así, un lugar desde donde entender la vida, de acercase a la vida. Una forma de potenciar la vida. La poesía sería la vida a la enésima potencia. Por eso, a veces cuando leés un poema sobre algo triste de la vida, igual te revitaliza leerlo…creo que es porque la poesía convierte a la vida en poesía, entonces al convertirse en poesía se transmuta, se vuelve potencia.  Me gusta que un libro tenga fuerza y que te dé fortaleza. A veces uno lee cosas muy dramáticas, pero que te encienden. No me gusta la poesía medio, como diría Luciana Caamaño, “babé”, como que si la leí o no la leí es lo mismo”.

Le comenté que había leído Ubre y A los besos, los llevé y los dejé sobre la mesa. Los agarró y me criticó que a un par de poemas los haya subrayado en su totalidad, que si subrayás todo es como si no hubieras subrayado nada. No estoy de acuerdo, los marqué enteros porque son poemas que me llegaron más, que “me hablaron más”, pero no en general, sino cada una de sus palabras, para decir en voz alta. Gabriela dice que “la poesía te habla o no te habla”. Bueno, a mí, estos dos libros de poemas me dijeron mucho. Me hablaron de dos etapas muy distintas: una más dura, de más autocrítica, arrepentimiento, dolor. La otra, de plena felicidad, apertura, descubrimiento, amor de a dos, vos y yo.

Y entonces, hablando de libros de poemas, le pregunté cómo es que se eligen los poemas para un libro o cómo se arma un libro de poemas.

“Los libros de poesía, no es que los planifique con un eje, son colecciones de poemas de muchos años. Como si me quedara callada y de repente digo algo; hubo años que escribí dos, tres poemas. Ubre es una colección del 2003 al 2008. Cómo ordenar Ubre fue todo un tema. Me interesó mucho ordenarlo. Es como una novela en un punto. No es un libro homogéneo. Es un libro con estados de ánimos distintos, estilos distintos. Hay como una línea narrativa que va pasando por varias etapas. Poemas cortitos, otros más largos”.

“…bajá hasta mis labios rosa, acomodalos como te guste

podés jugar con mis infatigables elásticos

mientras ella sola se va perfumando de crema…”

(fragmento de Sabrosa, poema publicado en Ubre)

El origen de las cosas, de los gustos y caminos, es algo que siempre intriga, ¿o no? La poesía de Gabriela Bejerman es poesía de la naturaleza y también es poesía del erotismo. Le pregunté cuándo había empezado a escribir literatura erótica, porque como yo sabía que ella había escrito su primera novela a los catorce años, me dio curiosidad saber si lo erótico también estaba presente en ese entonces.

“La novela de los catorce era de amor, entonces escribía alguna escena erótica. Lo quería escribir para imaginarlo, para vivirlo de alguna manera. El deseo, la seducción, lo inaprensible. Eso es el erotismo, como que querés tenerlo todo y al mismo tiempo no. La relación entre el texto y el lector es una relación erótica. El lector desea devorar el libro, y el libro se va haciendo desear. Ya en ese sentido yo veo como algo erótico la relación entre el texto y el lector, el deseo del lector. Después está por otro lado, lo sensual, lo erótico como tema. El deseo, el agarrar y dar, que ya está en la relación. En otro plano está la sensualidad del lenguaje. A mí siempre me gustó una prosa muy profusa, una relación con la palabra donde la palabra en sí es ya un objeto de deseo; pronunciar una palabra, elegir una palabra. La relación entre el que escribe y las palabras es un cuidado casi sensual o sensorial en donde las palabras siempre son más que el sentido intelectual; son como algo carnal, algo que se oye, que se paladea, se gusta, se pronuncia; está en la boca, en la lengua; está entre la boca y el oído; es como un susurro íntimo: susurrar palabras al oído; algo que sale en forma de palabras desde las entrañas. Es como exponer algo íntimo y eso es algo bastante erótico. Un juego con, ¿cuánto?, ¿todo o menos que todo? Hay distintas modalidades, por ejemplo en Linaje (Mansalva) es todo muy desbordado o desbordante. El texto es voluptuoso, cada oración es voluptuosa, la forma es voluptuosa. El poema tiene algo de fiesta que se festeja con palabras, porque si no es una fiesta, te quedás callado. El silencio es más prudente y más sabio, pero si estás tan a punto de explotar que no das más, entonces, decís el poema. Entonces tiene algo de lujurioso, porque no es el prudente y discreto silencio. Y también un poema es una especie de joya que uno labra. En mi caso, muy facetado. A la vez que es toda esa fiesta, es la búsqueda de un equilibrio; es como que ese desborde tiene su medida.

Otra cosa es el tiempo. Uno elige el tiempo para leer; uno quiere que nada lo interrumpa. El que lee está vivo en el tiempo del texto, entregándose al tiempo y al tempo que le propone el texto. Y es como que el texto se coge al lector”.

Y hablando del texto, el lector, el escritor y su relación con las palabras, hay un tema que siempre da para el debate: muchas personas piensan que para ser escritor hay que estudiar la carrera de Letras. En el bando opuesto, muchos sostienen que estudiar Letras traba, limita al ser creativo. Gabriela es escritora y Licenciada en Letras, así que le pregunté cuál era su opinión al respecto.

“Cuando estudiaba letras me gustaba portarme mal. A mí me dio libertad. La época de la rebeldía literaria. Presente perfecto (Interzona) surge de estar cursando Literatura Europea Medieval y uno de los registros del libro es el castellano antiguo. Es una novela muy de estudiante de letras. Usaba cosas que aprendía en la facultad para apropiármelas y jugar con eso. También me dio libertad porque me puso en contacto con gente que también escribía.  Al principio pensaba que la crítica literaria era “lo menos” porque no dejaba que el texto se expresara solo, pero después me rompió la cabeza. Justo recién miraba el libro de Bachelard, El agua y los sueños; busca a lo largo de toda la literatura poemas que hablen de volar. Analiza la literatura poéticamente. Ese tipo de crítica me encantaba”.

—Y si a vos te preguntan qué sos, ¿decís “soy escritora”?

—Decir “soy escritora” siempre fue mi fantasía. Es pura vanidad. Acaricio la idea de pensar “soy escritora” y me emociono. Cuando me preguntan “qué hago” digo “doy clases y escribo”. “Escribo” suena más humilde que “soy escritora”. Yo creo que uno no ES algo, uno HACE algo. La profesión es un casillero que tenés que llenar, por ejemplo, cuando entrás en otro país.

—¿Te gusta más escribir novelas, poemas o relatos?
—Me gusta estar inspirada. Siempre me gustó la diversidad en todo sentido.  Son distintas cosas. Escribir un poema es más un rapto.

—Y lo que escribís, ¿queda todo guardado o si algo no te gusta lo tirás?

—Soy de guardar todo. Tengo muchos cuadernos y todos los archivos de la computadora. Soy medio como fetichista, me gusta ver la huella de las cosas que pasaron; me gusta ver ese poema que es una porquería y que escribí tal día de tal año, como mensajes al futuro.

Por último, para ir terminando, ya habiendo tomado el licuado de durazno con jugo de naranja, que extrañamente en el bar no conocían, le pedí que me contara sobre Juego de Damas, publicado el año pasado por Eterna Cadencia.

“Hace muchos años yo tenía un libro de su prosa completa “The complete Works of Jane Bowles”. Un día, con mi amiga Inés Acevedo, hablamos de traducir, de qué lindo era traducir. Ella me dijo “dale traducí algo”, y ahí nació el deseo de traducir a Jane Bowles. Voy al libro y me doy cuenta de que hay nueve cuentos que nunca fueron traducidos al castellano. Se lo propongo a Eterna Cadencia, también la obra de teatro. Así fue, eso estaba para traducir también, así que ¡manos a la obra!”

Gabriela hizo la traducción y escribió el prólogo.

Cuando dije que de su obra sólo había leído Ubre y A los besos, mentí. También leí Juego de Damas, que si bien fue escrito por Jane Bowles, en español cobró vida gracias a Gabriela, con una traducción impecable y un prólogo que da un contexto completo para entender la literatura de la autora norteamericana.  Es uno de los libros que leí el año pasado y recomendé con mucho ahínco. Son textos que tensionan, como los de Carver o los de Capote.
A veces, cuando algo que nos gusta mucho se vuelve obligación puede dejar de gustarnos tanto como antes, ¿es así o solo nos pasa a las gatas flora?

Le pregunté a Gabriela si Jane Bowles le seguía gustando.

“Me sigue encantando y tengo un par de proyectos. Uno es que quiero hacer una obra de teatro, tal vez a partir de su vida, con fragmentos de cosas. A partir de la lectura de Verano en la glorieta (la obra de Jane Bowles publicada en el libro) y de la experiencia de hacer biodrama con Vivi Tellas, se despertó algo en mí”.

Dije que habíamos terminado, pero no me iba a quedar sin robarle una recomendación para nuestra sección de recomendaciones. Le pregunté qué había leído últimamente y qué nos recomendaba.

Me tiró los siguientes nombres y títulos que, como buena alumna, ya estoy por comprar en la librería amiga:

De Luis Chaves, Chan Marshall (Vox). De Mirta Rosenberg, El paisaje interior (Bajo la luna). De Luciana Caamaño, Los grados del escándalo (Sacate el saquito). Y la narradora y poetisa Norah Lange.

Gabriela Bejerman dicta talleres de escritura, quedan invitados.

Sus libros Linaje (Mansalva) y Ubre (Vox) se consiguen en distintas librerías. También Juego de Damas (Eterna Cadencia). A los besos (por ahora mi preferido), en Librería Mi Casa y en La libre.

La espesura de vivir

Que te besen en la nuca

El viento es dios y te acaricia

¡jugo de frescura inunda tu ola!

que brille cristalina el agua de las lágrimas

hasta diluirse en el vapor de la alegría

amar hasta el minuto

amar de mil maneras

¡abrir las manos!

y en la noche una gorda luna de crema

para que te la comas toda

y te invada la espesura de vivir.

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