Naranja tú eres, Renault 12.

Este es un retrato de mi autito, el que me acompaña a todos lados y sabe cuándo es urgente usarlo y cuándo no lo es, por eso ese día decide no arrancar.

La gente nos carga porque cuando nos bajamos, ademas de la cartera o la mochila, bajamos con el volante. Sí, a lo piloto de Fórmula 1.

Pero es que lo queremos tanto que ya estamos cansados de que nos lo roben, y como él también nos quiere tanto a nosotros, ¡siempre aparece!

Me quedo mirándolo cuando está estacionado al lado de una planta, porque me encanta su naranja con el verde de los árboles.

Debo reconocer que los días de lluvia se empaña, no anda bien el limpiaparabrisas y es muy difícil manejar, sobre todo en esta primavera lluviosa.

Pero toda esa dificultad desaparece los días de sol y cada vez que alguien se sube al 12 y recuerda su infancia y halaga el rico olorcito a cuero de sus asientos.

Doce we love you.

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