Copia Fiel

Cuando terminé el traductorado, en el año 2004, participé en reuniones de fanáticos de Kazuo Ishiguro, coordinadas por el más fanático de todos sus lectores, al menos esa era la impresión que daba. El tipo sabía mucho y tenía la habilidad de transmitir su pasión. Así fue como leí toda la obra del autor de origen japonés que llegó a Inglaterra cuando tenía cinco años y que, a lo largo de su carrera de escritor, supo aprovechar el contraste de las dos culturas que viven dentro de él.
Encantada con Ishiguro, uno de los mimados de las letras contemporáneas en su país de residencia, recibí con ansias la publicación de su última novela Nunca me abandones, después de cinco años de —imagino— reclusión artística. Fue en el año 2005.
La novela se trata de una institución educativa que crea, alberga y educa a jóvenes clones con el objetivo de utilizar sus órganos para la donación. Sus vidas se “completan” al donar la mayor cantidad de órganos y, de esa manera, habrán cumplido con su honrada misión.  El conflicto aparece cuando estos jóvenes empiezan a tener sensaciones y comienzan a cuestionar su existencia y la posibilidad de cambiar el futuro que ha sido diseñado para ellos. El amor y el sexo son inevitables en la naturaleza de estos seres, tanto como en cualquier ser humano.

La historia es, sin duda, interesante, original y jugosa para el debate, pero a mí no me gustó. Por un lado, me pareció lenta y aburrida. Por otro, conocí a un Ishiguro distinto del que a mí me gustaba, el de las historias simples, con tatamis, nombres japoneses y choque de culturas.
Seguramente, el director de cine Mark Romanek no esté de acuerdo conmigo y por eso, en 2010, llevó esta novela al cine, con estrellas como Keira Knigthley, Carey Mulligan y Andrew Garfield.
Que me disculpe Mark, pero la película me gustó aún menos que el libro (suele suceder, me dicen).

Dos años después, me encuentro con una nueva propuesta de adaptación de Nunca me abandones. Esta vez, teatral y en el barrio de Congreso. Honestidad bruta, fui con pocas expectativas. Sin embargo, salí emocionada y reconciliada con la historia. La directora argentina Analía Couceyro dirige a diecisiete artistas en escena en una puesta y una apuesta fascinantes que dejan a los espectadores con la boca abierta. Diecisiete actrices que además son atletas, bailarinas, músicas, y que logran una representación actoral con ritmo coreográfico. No es un musical, pero tiene una sorpresa con instrumentos que pone la piel de gallina.

Copia Fiel es una adaptación libre. Toma esa historia original e interesante que nació en la mente creadora de Ishiguro, pero la resignifica. Es decir, se trata de lo mismo, pero las microhistorias que se desarrollan en la trama son otras.

Si todavía no leyeron a Ishiguro, recomiendo que lo hagan, pero dejen Nunca me abandones para después de ver Copia Fiel en el teatro Apacheta Sala Estudio, ya que, por lo menos yo, disfruté de la adaptación más que del original.

 

APACHETA SALA ESTUDIO
Pasco 623 (mapa)
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Teléfonos: 4941-5669 / 1530142997
Web: http://apachetasalaestudio.blogspot.com
Entrada: $ 45,00 / $ 35,00 – Domingo – 17:30 hs

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2 pensamientos en “Copia Fiel

  1. Me gusta Ischiguro MUCHO pero el de “El artista del mundo flotante” y el de “Pálida luz en lsa colinas”. Ire por Copia Fiel y les cuento mereguistas. Abrazos

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