En la inevitable llegada del otoño

 

 

 

 

 

Anoche fui a ver En la inevitable llegada del otoño, una obra de teatro que trata de una familia y sus problemas.
Cuando leí la sinopsis, dudé (relata la historia de una familia encabezada por un matrimonio de aproximadamente setenta años. Gloria, la madre de la familia, quien está enferma de cáncer, está sujeta a internaciones periódicas. Luis, su marido adelanta el alta médica de Gloria  para que puedan festejar con su familia las bodas de oro por los cincuenta años de casados).  No sabía si estaba para “disfrutar” de una historia tan triste: la mujer enferma, el fin de los días. Sin embargo, la curiosidad y el domingo, que siempre invita a salir, me empujaron al Taller del Ángel.

La historia, sí, es triste, pero no tanto por la enfermedad terminal de Gloria, sino por los conflictos que se entretejen y se develan a través de esta situación límite.  Cada uno de los personajes —muy bien desarrollados— ocupará un lugar funcional para el rompecabezas que conforma la familia, sin focalizar necesariamente en el dolor por la enfermedad, sino en los dolores de cada uno, las cuestiones personales que los hacen sufrir y, a la vez, seguir adelante.

Hace poco fui a ver una obra de teatro donde lo único que resonaba en el aire eran gritos injustificados. Salí con un sabor amargo, sin siquiera haber entendido el conflicto.
En la inevitable llegada del otoño, en cambio, maneja la pelea, el conflicto, la batalla familiar, de manera impecable. No duelen tanto los gritos, sino lo que no se dice, lo que no se oye.

Padres negadores, tradicionalistas, que ni se dan cuenta de lo disfuncional que puede llegar a ser el querer manejarlo todo. Pero, como sabemos, no existe un manual para padres, ni un manual para seres humanos.

Lo que más me gustó: la sensación de estar viendo una película, todo el tiempo me creí lo que estaba pasando, y el excelente uso del espacio que ofrece el teatro, ambientado como la cocina de una casa que lleva a los distintos ambientes (habitaciones, baño) y a la calle, por medio de puertas reales. También me cerró la mezcla de sensaciones que van desde la desolación a la esperanza, con toques de humor e ironía. Ese abanico que nos sorprende en la vida real.

Pienso que en los conflictos de los demás, siempre podremos encontrar algún espejo que nos recuerde nuestros propios embrollos; tal vez sea por eso que fluyen las lágrimas.

¡LA RECOMIENDO!

En la inevitable llegada del otoño
Todos los domingos a las 20:30hs., en el Teatro Taller del Ángel, Mario Bravo 1239, C.A.B.A., Argentina.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s