Conversación entre amigas, por Janice Winkler

Anoche salí. Fui a tomar algo con mi amiga Clarisa. Nos sentamos en un bar, en una de las mesas de afuera porque, aunque estaba fresco, encendieron una de esas estufas a gas que salen desde el techo bajo-tipo-toldo y te queman la cabeza. Ya cuando las orejas se nos habían puesto rojo fuego, Clarisa me cuenta que se encontró con Martina en la calle y estuvieron charlando durante un buen rato. “¿Cómo está”, le pregunté, “¿Sigue tan linda como siempre?”. “No tanto. La cara es la misma, las facciones angelicales, pero ya no resalta como cuando éramos chicas”. “¿Y qué cuenta?”.

—  Que se acaba de separar.

—  Uh, pobre.

—   No, no te creas. Resulta que ella lo engañaba al marido, y el flaco la encontró con otro en su propia cama.

—   Ah, ¡qué hija de puta!

—  Sí, pero bueno, había pasado por momentos difíciles. Fallecieron sus padres.

— Ay, no me digas, ¡pobre!

—   Sí, pero el marido la re apoyó. Estuvo todo el tiempo con ella, a su lado.

—   Ay, pobre pibe. Bastante turra al final.

—  Bueno, pero en medio del drama y la tristeza, el flaco le dijo que quería tener un hijo cuanto antes y que si no se decidía, se iban a separar.

—   Ah, ¡pero qué forro! Pobre Martina.

—   Sí, pero por otro lado, hacía como diez años que estaban juntos y ella le venía pateando la historia del hijo, cuando el pibe se moría por formar una familia con ella.

—  Ay, pobre pibe. Dios le da pan…

—   Sí, lo que pasa es que acordate de la historia familiar de Martina. Cuando secuestraron a su hermanito, ¿te acordás? Después apareció, pero viste que esos traumas duran…

—  Ay, sí, ¡pobre!

—   Sí, pero bueno, pasaron más de veinte años y ya es hora de superarlo. Ella misma lo dice. De hecho, en un momento, me guiñó el ojo y me dijo que para ella esa siempre había sido la excusa infalible, consciente o inconsciente, para evadir el tema; que de alguna manera ella se aprovechaba de su comprensión para no afrontar la cuestión del hijo. Lo manipulaba al marido.

—   Ah, pero qué hija de puta.

—   Sí, pero el marido también le dijo que si ella no barría los fantasmas del pasado, él la iba a dejar.

—   Ah, qué forro.

—   Sí, pero ella le respondió que él hiciera lo que quisiera, total el pasado y el presente eran la misma cosa; la misma mierda.

—   ¡Ah, qué desconsiderada!

—   Sí, pero lo que ella le quiso decir es que su karma familiar seguía en el mismo estado; que con él, todo bien, pero en su familia siempre se había vivido un drama tras otro.

—  Sí, ¡pobre!

—   Sí, pero él le dijo que ahora él era su familia; que su suerte había cambiado; que él iba a cuidarla y que ella no tenía por qué sentir miedos ni inseguridades porque él era fuerte y sus abrazos eran capas mágicas y protectoras.

—   Ay, pero al final, ¡qué hija de puta, engañar a ese bombón, y en su propia cama!

—   Sí, encima el otro, el amante, después la dejó.

—  ¡Ay, pobre!

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4 pensamientos en “Conversación entre amigas, por Janice Winkler

  1. Me pareció absolutamente interesante, felicito a la autora. Saludos, me gusta bastante este espacio llamado blog.

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